martes, 31 de agosto de 2010

El eterno resplandor de una mente con recuerdos.

Algunas personas olvidan, otras tantas poseen memoria selectiva y tan sólo un pequeño porcentaje tienden a olvidar.
Admiro a esta minoría que se desprende de su pasado, su presente y quizá hasta de su futuro.
Particularmente mi memoria me atrofia de recuerdos que preferiría no tener: aromas, fechas, lugares, personas, melodías y texturas. Infinitas percepciones que atormentan o alivian mi presente, que día a día se sumerge en un pasado inmediato pero lejano - a miles de kilómetros- e inalcanzablemente añorado.
A veces deseo que todas aquellas memorias y sensaciones sean producto de mi patetica imaginación o de un mal sueño, que innegablemente fueron y son reales, y al mismo tiempo se ven como fotografías fuera de foco.
Dichas sensaciones sí fueron sentidas, lloradas, maldecidas; vividas.
Una esquina, una plaza llena de promesas vacías, esperas, palomas volando y hasta algún beso hipocrita lleno de eternas ilusiones; hoy son imágenes de un parque sin juegos en funcionamiento, con niños fantasmas y mostruos adolescentes dolidos. O mejor dicho mis dolencias e ilusiones... paganas.
Un cafe dulce hoy lo ingiero amargamente. Llamados sin sonidos; sin interlocutores, mensajes sin textos y salidas sin cielo, sí son producto de mi imaginación. Un diálogo sin palabras; sin su voz. Un tacto sin piel y miradas sin vista distorcionan mi memoria con recuerdos.
Cada mañana amanecida me convenzo de que todo aquello no fue lo que es, no es lo que fue. Sin embargo estos hechos dejaron huellas, marcas que hieren y dicen: "sí, fue real, cada beso sin besar, cada palabra carente de futuro, cada escena sin protagonistas". Eso es, una escena donde el decorado, los personajes y los diálogos carecen de coherencia, son fantasmas.
Una historia, una de esas que no tienen fin, al menos en mi cabeza, que tan amablemente me tortura representando desordenadamente dichas escenas, personajes y diálogos; se encarga de la dirección de esta obra a su antojo y desantojo.
Quiero ser selectiva con esta obra mentalmente teatral de la cual desconozco - o al menos eso quiero creer- su fin.
Quiero olvidar esquinas, plazas y cafes.
Quiero, intento y fracaso.
Algún día vere todo esto, aquello y ello lejos, más lejano de lo que hoy puede estar y quizá también, ya no exista tal plaza y esquina, tales personajes.
Quizá descubra que jamás hubo un futuro, tal pasado y actual presente. Quizá, algún día, recuerde que tales besos nunca fueron besados y dichas promesas, jamás prometidas.
Algún día seré parte de la minoría y olvidaré; te olvidaré y nos olvidaré.
Tal vez te ame ficticiamente y nada de todo esto se asemeje a la realidad.
Probablemente seas un personaje sin diálogo, en una escena sin decorado.
Mientras tanto, me someto a la tortura de recordar y creer que todos estos recuerdos son irrealmente reales; posibles ¿Por qué? Porque necesito de tu personaje para respirar y creer que estoy viva.
Te espero en una esquina, te beso en alguna plaza y te bebo en un cafe asquerosamente amargo e inhalo humo sin cigarrilos; mientras te espero. Yo te espero.
Espero que formes parte de un iluso futuro. Un futuro que jamás será vivido; nunca vendrá.
Pero igual, espero; porque hoy en estas líneas plasmo mi carente imaginación, mi desnutrido amor y mis inocentes recuerdos.


'Estoy muerta en vida, anorexica de una alimentación de amor inexistente; bulimica de un pasado ahogado en mares de recuerdos'.

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